Toqué a tu puerta pero no estabas,sentía las ganas de hacerlo,de decirte todo lo que sentía desde hacía mucho tiempo,pero siempre me echaba para atrás.Ese día me armé de valía y crucé mi propio límite,ese que cada uno se marca sin saber por qué.
Al día siguiente lo volví a intentar,te pedí azúcar para endulzar la tarde,y me la diste,no cruzamos más de dos palabras,gracias y de nada.
Tercer día,vuelvo a tocar,le hice un bizcocho por las molestias del día anterior,salió su chica a recoger el pastel,¡tiene buena pinta!,decía ella.
Cuarto día,llueve a mares y me quedo en las escaleras de mi casa,me volví a poner un límite a mi misma,no volver a pedir azúcar a un idiota del que estás enamorada,al que no conoces de nada y que para colmo tiene novia que se come tus bizcochos.
Gracias por comentar y por leerme,entre hoy y mañana contesto a los comentarios que estoy un poquillo liada ultimamente :)
Marina - La tercera parte del otro relato la pondré mañana lo más seguro :) y del relato del San Carlo hay una última que se llama " En una misma dirección" por si no la has leido :) besitos y me satisface que te gusten mis relatos ^^
Besitos azules desde un mar lleno de peces de colores *__*
Hola corazón, imprimes una suave tensión que me encanta, razonas, sigues y explotas, haces que lo cotidiano resulte diferente, tu mar es un poderoso oceano que seduce.
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Lo que tiene llegar tarde...
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no volver a pedir azúcar a un idiota del que estás enamorada - me encantó ^^
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Una tarde de reflexion y soledad lo puede cambiar todo.
ResponderEliminarBesos!
Me ha gustado mucho, la parte irónica del final es estupenda. Claro que no, no hay que ir a suplicarle a nadie que te mire, no se lo merece :)
ResponderEliminarBesos
¡Y encima ella se comió tu bizcocho!
Suena tierno y triste a la vez, pero quien sabe, igual debes seguir pidiendole azucar..
ResponderEliminarbesos